Ante la inminente necesidad de desarrollar programas de control de Salmonella en el ganado porcino (próximos planes nacionales de control, presión de la industria cárnica, etc.) muchos productores desean conocer la situación de sus explotaciones para saber la talla de su próximo reto sanitario. ¿Cuántas muestras debo tomar? ¿Cuáles? ¿Qué animales? Este es el tipo de preguntas que me hacen últimamente. Al margen de la importancia que estas preguntas tienen, mi respuesta suele ser la misma: no haga (casi) nada… salvo que decida de verdad embarcarse en un plan de control de esta infección, es decir, en un programa bien planificado y continuado en el tiempo.
Hoy sabemos que la salmonelosis es una infección sumamente variable. Su prevalencia puede cambiar drásticamente dentro de una misma explotación, de una crianza a otra, e incluso entre lotes de una misma crianza. Esto hará seguramente bastante frustrantes los intentos de control de una infección que, generalmente, no crea problemas en la explotación. Pero, ¿qué hace que esta infección sea tan variable?
Su variación se debe en parte a la utilización de técnicas de diagnóstico imperfectas y muestreos reducidos y poco representativos que impiden estimar con precisión la prevalencia real. Pero hay otros factores más importantes en la incidencia de esta infección en las explotaciones. Por ejemplo, su marcada estacionalidad, con picos de infección generalmente en épocas más cálidas. O la relación entre prevalencia y la entrada de animales de distintos orígenes al cebadero. También la asociación entre el estrés y una mayor susceptibilidad a la infección (p. ej. tras el reagrupamiento de animales). En general, las características de cada granja, es decir, su sistema de manejo y de alimentación, pero especialmente los estándares de bioseguridad, higiene y desinfección son los que más frecuentemente se asocian con la infección.
Fuente: 3tres3 |